Somos libres de escoger las situaciones que vivimos pero…
¿Cómo procesamos lo que nos pasa?
Cuando elegimos comer un filete, una pizza o unas verduras, es una elección consciente.
Pero cuando lo digerimos es un acto inconsciente, lo regula el Sistema Nervioso Autónomo.
Esta parte del Sistema Nervioso trabaja de un modo automático.

No pensamos ni controlamos
la digestión de la comida.

¿Y las emociones? ¿Tenemos control sobre la digestión de las  Emociones?

La digestión de una comida depende de la propia comida y de si es compatible con nosotros.
La digestión de las emociones también depende de la propia emoción.
Es fácil gestionar la alegría.

Pero también depende de la información que hay en nosotros sobre esa emoción.

Os pongo un ejemplo simple.
A la salida de un cine preguntamos a varias personas, sobre una película de drama y guerra que han escogido ver. Qué han sentido?

Cada persona vive la película de un modo diferente.

¿Por qué reaccionan así?
A Federico le afecta más la parte bélica ya que en su información genética, tenemos la historia de su abuelo, que de joven estuvo en las trincheras y vio morir a muchas personas.
A Marta le ha emocionado cómo la protagonista, sacaba adelante a sus hijos sola, en mitad de una guerra.
¿adivináis que hay en la información genética de Marta?
Su bisabuela fue viuda de guerra con siete hijos.

Cuando algo nos afecta,
es porque inconscientemente
algo no podemos digerir bien.

Hay una resonancia familiar inconsciente no resuelta.
La propuesta es tomar conciencia de lo que no digerimos bien emocionalmente.
Buscar la resonancia familiar no resuelta que alimenta esa emoción.

La emoción con conciencia
desaparece y ya no duele.

Nos queda la libertad desde la consciencia de escoger lo que vivir, y como vivirlo.
Muchas veces comemos manjares rodeados de malas emociones que por supuesto no nos nutren.

¿que menú emocional te sirves cada día?

Escógelo muy bien,
para que tu vida te haga feliz,
tanto como tu comida favorita.

Si te ha gustado, te agradeceré que lo compartas.

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