Cualquiera de nosotros puede estar vinculado a una información de guerra.

¿Cómo se manifiestan?

A la mayoría de personas que les pregunto,
¿qué te contó tu abuelo de cuando estuvo en la guerra?,
me contestan: ”nada o casi nada”.

Es el duelo, ese dolor silencioso que ha quedado atrapado en la memoria.

Como todas las cosas “no dichas, no contadas”, los secretos, generan dolor.
Quedan grabadas de alguna manera en la información que es transmitida a las siguientes generaciones.

Este duelo y dolor silenciado se suele transmitir en forma de tristeza.

Son muchos los protagonistas de una guerra.

Los que van al frente

Que pueden sentirse, patriotas, valientes, o quizás obligados, cobardes, decepcionados, crueles, asesinos o víctimas

Están la viudas de guerra

Solas, abandonadas, desprotegidas, impotentes de proteger, hambrientas, luchadoras…que para sobrevivir ellas y sus hijos, han tenido que hacer, en muchas ocasiones, cosas que nunca podríamos imaginar en nuestros días.
Cuantas madres tuvieron que
repartir a sus hijos, regalar a sus hijos, abandonar a sus hijos en orfanatos.
¿dónde se almacena tanto dolor?

Están los huérfanos

Esos niños que se quedaron sin padre, o también sin madre, solos, abandonados, hambrientos y con frío.
¿qué ocurre con ese estrés post traumático?
Sentimientos de tristeza, abandono, culpa, necesidad, miedo…

Recuerdo el caso de Carolina, llevaba varios años queriendo ser madre.
Al contar la historia de su padre, huérfano de guerra, tomó conciencia de las palabras que le decía su abuela paterna a sus dos hijos:
-perdonadme por no haber podido evitaros tanta necesidad y dolor, no tenia que haber tenido hijos, un niño jamás debería vivir eso.


El caso de Sara, su madre huérfana de guerra, y ella se casa con un hombre de familia del bando contrario.
Su madre siempre le dijo: -“si tu padre levantara la cabeza!, pero con él estás segura”. Como siempre, se busca inconscientemente la supervivencia.


La historia de Julián es más evidente, me consultó por sus miedos.
Le pido que me cuente un momento de miedo que haya vivido en su vida.
Sin saber de que se trataba, sus pensamientos fueron:
– esto es un infierno, el cielo esta lleno de ceniza,
– tengo que salir corriendo,
– tengo miedo,
– estoy asustado,
– me siento en peligro.
Cuando le pregunte qué estaba viviendo en ese momento, me contestó que vivía en Barcelona en 1981. Ese verano hubo varios incendios importantes en la ciudad que le impresionaron mucho. Y decidió regresar a su ciudad de provincia mas pequeña.
¿qué esta reviviendo? ¿en que trinchera esta?
Cuando estalla la Guerra Civil Española, en el año 1936, el abuelo paterno de Julián tiene 24 años, igual que Julián en 1981. El abuelo va a la guerra, al frente y más tarde a un campo de concentración, pero él “no cuenta nada o casi nada”.


Las memorias de guerra van de ejemplos sencillos como estos a casos mucho mas complicados.

Vale la pena dirigir una mirada a la historia familiar.

Encontrar esos duelos y dolores silenciados que han producido emociones de tristeza, abandono, culpa, necesidad, miedo, de sentirse patriota, valiente, o quizás obligados, cobarde, decepcionado, cruel, asesino o víctima, sentimientos de soledad, abandono, desprotección, impotencia de poder proteger, hambre, frío y de lucha continua por sobrevivir.

“En determinadas circunstancias, las realidades de la vida son tan difíciles que los padres deciden callarlas, en la primera generación es algo indecible; en la segunda, un secreto de familia; en la tercera, se convierte en un impensable genealógico, es decir, que ni siquiera se puede pensar”
Anne Ancelin Schützenberguer.(2005).La voluntad de vivir.

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